Hay películas cuyo rodaje termina siendo casi tan increíble como la historia que cuentan. Un tifón puede destruir los decorados, una producción puede multiplicar su presupuesto y una escena de pocos segundos puede requerir meses de preparación. En algunos casos, los problemas fueron tan grandes que terminaron poniendo en duda si la película llegaría a completarse.
Estas son algunas producciones ambiciosas que tuvieron que cambiar de planes, reconstruir sets, soportar condiciones extremas o improvisar soluciones para conseguir que una idea que parecía imposible finalmente llegara a la pantalla.
Dungeons & Dragons: Honor entre Ladrones: filmar en plena pandemia
El rodaje de Dungeons & Dragons: Honor entre Ladrones comenzó en 2021, cuando las restricciones sanitarias todavía condicionaban las producciones internacionales. La filmación arrancó en Islandia con un equipo reducido y algunos actores sustitutos, porque las limitaciones para viajar impedían reunir inicialmente al reparto completo.
La producción tuvo que adaptarse sobre la marcha. Después de Islandia, el equipo se trasladó a Belfast para continuar el rodaje con los protagonistas. La película, dirigida por Jonathan Goldstein y John Francis Daley y protagonizada por Chris Pine, Michelle Rodriguez, Regé-Jean Page, Justice Smith y Hugh Grant, terminó estrenándose en marzo de 2023, después de que su lanzamiento original fuera postergado.
Pero la pandemia no fue el único problema. Los directores querían que las criaturas del universo del juego tuvieran una presencia física en el set, por lo que el equipo combinó efectos digitales con animatrónica, prótesis y títeres. Uno de los resultados más curiosos fue Jarnathan, un personaje alado que requirió un traje especial y varios operadores para mover sus alas y controlar sus mecanismos.
La estrategia tenía una razón cinematográfica: Goldstein y Daley querían que los actores pudieran reaccionar ante objetos y criaturas reales, en lugar de imaginar constantemente aquello que después sería añadido digitalmente. La solución hizo más complejo el rodaje, pero también aportó una textura física que se convirtió en una de las características de la película.
La guerra de los mundos: un rodaje a contrarreloj y de escala masiva
Steven Spielberg asumió el reto de rodar la adaptación de La guerra de los mundos (2005) en un tiempo récord para un blockbuster de esa magnitud: solo 72 días de filmación. La urgencia para llegar a la fecha de estreno impuso una logística extremadamente compleja que obligó a diseñar y desplegar escenarios devastados gigantescos en tiempo récord a lo largo de varias locaciones en Estados Unidos.
El gran desafío técnico y de diseño de producción consistió en plasmar la destrucción masiva a una escala verosímil y tangible. Uno de los decorados más impactantes y costosos fue el lugar del accidente aéreo, para el cual la producción compró un Boeing 747 comercial fuera de uso, lo desmanteló por completo y lo transportó hasta los estudios de Universal en California para reconstruir la escena de un vecindario destruido por el impacto.
A esta complejidad logística se sumaron los constantes imprevistos climáticos durante el rodaje en exteriores en Virginia y Nueva Jersey, además de la exigencia física que supuso para el reparto —encabezado por Tom Cruise y Dakota Fanning— filmar escenas de masas con cientos de extras en medio del pánico, el polvo y explosiones reales.
Pese al ritmo frenético y los imprevistos de un calendario tan ajustado, la producción de más de 130 millones de dólares logró completarse a tiempo. El esfuerzo coordinado entre los efectos prácticos en el set y el trabajo digital posterior convirtió el caos del rodaje a contrarreloj en una de las experiencias cinematográficas de invasión alienígena más intensas y espectaculares del cine moderno.
Apocalypse Now: un rodaje que parecía no terminar nunca
Pocas producciones tienen una historia detrás de cámaras tan accidentada como Apocalypse Now. Francis Ford Coppola había previsto inicialmente un rodaje de apenas seis semanas y un presupuesto de unos 12 millones de dólares. Finalmente, la filmación se extendió durante 238 días repartidos en 16 meses y los costos superaron los 31 millones.
Uno de los golpes más graves ocurrió cuando el tifón Olga destruyó entre el 40 y el 80% de los decorados construidos en Filipinas. La producción tuvo que detenerse y buena parte del equipo regresó a Estados Unidos mientras se reconstruían los sets. El rodaje ya acumulaba retrasos y gastos adicionales, por lo que el desastre climático agravó una situación que estaba lejos de ser controlable.
La solución fue reconstruir los decorados y continuar en Filipinas, pero los problemas siguieron acumulándose. Harvey Keitel fue reemplazado por Martin Sheen después de pocos días de filmación y, más adelante, Sheen sufrió un infarto durante el rodaje. También tuvo que enfrentarse a una infección de malaria y permaneció varias semanas recuperándose.
Cuando Marlon Brando finalmente llegó para interpretar al coronel Kurtz, apareció otro problema: el actor no había preparado el personaje como Coppola esperaba. El director terminó trabajando extensamente con él para encontrar una solución visual y narrativa, mientras cada jornada adicional incrementaba el costo de la producción.
El resultado fue una película que terminó compartiendo la Palma de Oro en Cannes en 1979 y que se convirtió en uno de los grandes títulos del cine estadounidense. La historia de su producción incluso dio origen años después al documental Hearts of Darkness: A Filmmaker's Apocalypse, construido a partir del material que Eleanor Coppola registró durante el rodaje.
Cuando el problema termina formando parte de la película
Muchas veces, detrás de una escena que parece sencilla hay una solución técnica nacida de un problema concreto. Un decorado reconstruido después de un tifón, una criatura manipulada por varios operadores o una ciudad entera levantada para unas pocas escenas pueden quedar reducidos a segundos en pantalla.
El legado de estas películas demuestra además que un rodaje problemático no determina necesariamente el resultado. Algunas fueron grandes éxitos, otras tuvieron resultados comerciales decepcionantes y varias necesitaron años para ser reevaluadas. Pero todas dejaron una huella precisamente porque detrás de la película terminada existe otra historia: la de un equipo intentando hacer posible algo que, durante el rodaje, muchas veces parecía estar a punto de salir mal.
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