En abril de 2024, Mexicanos Unidos Contra la Corrupción, reveló audios en los que Jorge Almícar Olán, amigo y socio de los hijos del expresidente López Obrador, se comunica con parientes del entonces titular del ejecutivo. En estos audios se muestra la manera corrupta de llevar a cabo la compra, proveeduría, y operación de insumos para la infraestructura de las obras ferroviarias construidas en el sexenio pasado.
Estas obras ferroviarias significaron contratos millonarios para empresarios de medio pelo que crecieron inexplicablemente durante el sexenio de López Obrador. En estas obras, uno de los hijos del ex presidente tenía el cargo honorífico de supervisar la construcción en la que se compró material e infraestructura de baja calidad, haciéndolo pasar de manera corrupta como materiales que cumplían los estándares de seguridad.
"Cuando se descarrile el tren, ya va a ser otro pedo...", se escucha decir en uno de los audios entre el empresario Almícar Olán y un familiar del entonces presidente Andrés Manuel, quien estaba involucrado en los contratos de obra. De este modo, unos meses después del tráfico de influencias, de la corrupción, del conflicto de interés, y de la impunidad; el Tren Interoceánico terminó por descarrilarse el pasado domingo 28 de diciembre de 2025, con un saldo de 14 personas fallecidas y casi 100 heridos.
A pesar de las evidencias sobre probables actos de corrupción en la compra de materiales deficientes para la construcción de la vía ferroviaria; en días pasados, la Fiscalía General de la República vinculó a proceso al maquinista y al jefe de despachadores del Tren Interoceánico, por los delitos de homicidio culposo y lesiones.
La corrupción mata. Y, cuando la corrupción se ha normalizado en los niveles superiores de la administración pública, esa corrupción buscará chivos expiatorios de los niveles inferiores para evadir la raíz del problema. Por eso, las democracias necesitan ciudadanías críticas, informadas, y exigentes; así como un entramado institucional autónomo que haga contrapesos, que fiscalice al poder, que pueda sancionarlo, y que garantice controles administrativos, transparencia, y rendición de cuentas.
Sin embargo, en las democracias actuales, la ciudadanía se polariza y confunde la rendición de cuentas con el ataque político; los medios de comunicación hacen periodismo ideológico con líneas editoriales que usan los hechos para legitimar o deslegitimar a los grupos políticos; y el régimen desmantela a las instituciones autónomas que fiscalizan al poder. De este modo, se atenta contra la democracia, y los resultados los pagamos todas y todos.
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