Semáforo amarillo para la economía de Aguascalientes
La actividad económica registró una caída anual de 1.3% y una disminución de 0.2% respecto al trimestre anterior
Hace unos días se publicaron los resultados del Indicador Trimestral de la Actividad Económica Estatal (ITAEE), uno de los principales termómetros para medir el desempeño de las economías estatales. En el caso de Aguascalientes, los datos confirman una tendencia que ya se anticipaba, pero que no por ello deja de ser preocupante: la actividad económica registró una caída anual de 1.3% y una disminución de 0.2% respecto al trimestre anterior.
Más allá del dato puntual, lo verdaderamente relevante es la tendencia. La entidad acumula tres trimestres consecutivos con retrocesos trimestrales y dos con caídas en su comparación anual. Hablar de una recesión todavía sería apresurado; sin embargo, sí estamos frente a una señal de alerta que los tomadores de decisiones no deberían minimizar.
Al desagregar la información encontramos un panorama aún más revelador. Las actividades secundarias, donde se concentra buena parte de la industria manufacturera del estado, registraron una disminución anual de 5.3%, mientras que las actividades primarias cayeron 2.6%. Como resultado, Aguascalientes se ubicó entre las entidades con mayor contracción económica del país, ocupando el octavo lugar nacional en caída de la actividad económica.
Llama la atención que, aunque estados como San Luis Potosí y Jalisco muestran una trayectoria similar, otros integrantes del Bajío, como Guanajuato y Querétaro, lograron crecer durante el mismo periodo. La comparación obliga a formular una pregunta inevitable: ¿qué está haciendo diferente nuestra región vecina y qué le está faltando a Aguascalientes?
La respuesta no es sencilla, pero sí apunta hacia la necesidad de fortalecer la estructura productiva del estado. Durante décadas, Aguascalientes construyó una economía altamente especializada en la industria automotriz. Ese modelo generó empleo, inversión y prosperidad, pero hoy enfrenta un entorno internacional caracterizado por la incertidumbre comercial, la desaceleración manufacturera y la reconfiguración de las cadenas globales de valor.
Por ello, quizá ha llegado el momento de volver a mirar con mayor fuerza a la industria de la transformación. No basta con ensamblar; es indispensable agregar valor, desarrollar proveedores locales, impulsar la manufactura avanzada y diversificar la base industrial. Transformar materias primas en bienes con mayor contenido tecnológico representa una oportunidad para fortalecer la resiliencia económica del estado.
Al mismo tiempo, las políticas contracíclicas cobran especial relevancia. La inversión en infraestructura pública puede convertirse en un motor temporal para sostener el empleo, dinamizar la demanda interna y mejorar la competitividad de largo plazo. En momentos de desaceleración, la inacción suele ser más costosa que la acción estratégica.
No se trata de descalificar los esfuerzos que actualmente realizan las autoridades estatales para atraer inversiones y mantener el dinamismo económico. Por el contrario, el contexto internacional exige reconocer que los desafíos de hoy son distintos a los de hace apenas unos años. En la economía de la incertidumbre, las estrategias que antes funcionaban ya no son suficientes.
Así que no, no es solo una percepción si usted siente que la economía avanza con menor fuerza. Los indicadores lo confirman. La diferencia entre una desaceleración pasajera y un problema estructural dependerá, en buena medida, de las decisiones que se tomen hoy.
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