Lecciones y elecciones

Otto Granados

Así como es natural y legítimo que un partido en el gobierno aproveche electoralmente sus logros, también es inevitable que otro pague las consecuencias de sus fracasos

Otto Granados

De cara a las elecciones de Aguascalientes en junio de 2027, hay que empezar por decir que toda elección es distinta, no se parecen una a otra automáticamente y los precedentes son eso, precedentes para observar más o menos lo que puede pasar. Por eso ha sido sumamente interesante la jornada del domingo pasado en Coahuila, donde el PRI arrasó y ganó en todos los 16 distritos electorales en contienda.

Dicho esto, tratemos de hacer una aproximación a los factores que explican ese resultado y comparar con lo que se ve en Aguascalientes.

Primero que nada: desde hace ya varios años el PRI de Coahuila, que ha sido el partido en el gobierno, ha tenido una muy eficaz estructura y organización electorales, diseñada de manera microscópica y es de suponerse que estas prácticas de cercanía, de empatía y de apoyo a la gente se volvieron parte del paisaje cultural y político, y son valores altamente relevantes que muchos han perdido de vista en el magma del ego y las redes sociales. En conclusión, el PRI hizo su trabajo y lo hizo bien. No está claro si el PAN, partido gobernante en Aguascalientes, simboliza esos valores.

En segundo lugar: Coahuila va bien. Casi todas las cifras de Coahuila son buenas: 5º estado con mejor PIB per cápita; exportaciones el año pasado de 65 mil 500 millones de dólares; 9ª economía nacional por tamaño; estado líder en producción de autopartes; entre enero y abril de 2026 creó casi 18 mil empleos formales, y sus principales ciudades -Saltillo y Torreón, ambas del PRI-, observan dos de los mejores porcentajes -16.7% y 20.3%, respectivamente- en materia de percepción de inseguridad a nivel nacional; Saltillo es la 3ª ciudad mejor calificada en la efectividad de su gobierno para solucionar problemas según INEGI. Y el servicio de agua en Saltillo, que es mediante una empresa privada, alcanza niveles de eficiencia física del 80% y la cobertura es de 98%.

En todos estos indicadores, por cierto, Coahuila rebasa los de Aguascalientes, como por ejemplo en el empleo formal donde aquí perdimos 2623 puestos de trabajo.

Tercer punto: el rechazo a Morena aportó también su cuota en una doble pista. Por un lado,  porque el dinero que entra por las pensiones y otros conceptos se va en pagar alimentación, salud, medicamentos, gastos escolares en donde la provisión pública es un desastre o, de plano, ya no existe. Más aún: en varios estados, los beneficiarios reportan anomalías o, directamente, corrupción en el reparto bajo la forma de chantaje, inflación de padrones, intercambio de favores y movidas así.

Y por otro lado, en alguna medida, una porción relevante del votante apartidista le cobró a Morena el desastre que han sido sus gobiernos en materia económica, en sus problemas de corrupción a muy alto nivel, en el aspecto del crimen organizado, y en la ineptitud en otros renglones de la política pública. Así como es natural y legítimo que un partido en el gobierno aproveche electoralmente sus logros, también es inevitable que otro pague las consecuencias de sus fracasos.

Finalmente, mientras que el PAN tuvo en las elecciones de 2016 43%, ahora sacó 2.1% solamente. Algo parecido ocurrió con el invento llamado MC, que levantó menos de 25 mil votos o 1.96%.

En conclusión, Coahuila deja lecciones invaluables y confirman que en materia electoral lo normal es la incertidumbre de los resultados.

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