La democracia en México

Ignacio Ruelas Olvera

Si los gobiernos no ofrecen seguridad, crecimiento económico, combate a la corrupción y control del crimen organizado, aumenta el riesgo de que la ciudadanía privilegie la eficacia sobre los contrapesos democráticos.

Ignacio Ruelas Olvera

En días pasados se presentó el Latinobarómetro 2026 y en él hay mensajes claves para nuestro país. México se ubica por encima del promedio regional de apoyo a la democracia.

Nuestro país presenta una paradoja importante. Altos niveles de satisfacción con el funcionamiento del sistema conviven con una menor identificación explícita con los valores democráticos respecto a otras democracias consolidadas en la región.

La confianza en las instituciones políticas continúa siendo un desafío regional, especialmente los partidos políticos. Y hay hallazgos clave. Hay un menor apoyo a la democracia. En América Latina el 63% apoyó a la democracia en 2010, pero para 2026 solamente el 52%.

En México, en el año 2024, solamente el 49% tenía un apoyo a la democracia. En este año 2026 solamente el 45% y esto se consolida en el Latinobarómetro porque el 53% de los mexicanos aceptarían un gobierno no democrático, pero que resolviera los problemas del país y el 63% considera que un poco de mano dura no nos vendría mal. El debilitamiento de la cultura democrática es algo muy importante en la que debemos tomar conciencia todas y todos los ciudadanos. El 46% cree que la democracia puede funcionar sin partidos, sin partidos políticos.

El 40% piensa que puede existir sin congreso y el 42% considera prescindible la oposición, qué grave. Y el 28% cree que puede haber democracia sin elecciones.

En cuanto a la inseguridad y al crimen organizado, el 88% de los mexicanos y las mexicanas percibe que el crimen organizado tiene mucho o bastante poder. Solo el 18% cree que el país está ganando la batalla contra el crimen. Reitero, solo el 18%. Hay una baja confianza institucional.

Menos del 30% respalda al gobierno, al congreso o al poder judicial. Sin embargo, aquí hay un dato importante, el 53% confía en el INE y el 68% afirma que sin elecciones no hay democracia. 

La democracia en América Latina atraviesa una paradoja. Sigue siendo la forma de gobierno preferida por la mayoría de la población, el 52%, pero al mismo tiempo tiene apoyo, confianza y convicción cada vez más ciudadanos están dispuestos a aceptar gobiernos autoritarios si estos ofrecen seguridad, crecimiento y soluciones rápidas a los problemas mientras se debilita la valoración de instituciones esenciales como los partidos políticos, los congresos y la oposición.

La combinación de inseguridad, corrupción, baja capacidad estatal y frustración con los resultados económicos está alimentando una cultura política más impaciente y menos comprometida con los contrapesos democráticos. La democracia no está colapsando, pero sí enfrenta una erosión de sus bases de legitimidad.

Sobrevive electoralmente mientras crece la demanda de eficacia, incluso a costa de reglas democráticas. La principal implicación es que la legitimidad de la democracia ya no puede darse por sentada.

Aunque las elecciones sigan siendo valoradas y existe confianza en el INE, el apoyo explícito a la democracia cayó al 45%, mientras que el 53% aceptaría un gobierno no democrático si este resuelve los problemas.

Además, una proposición significativa considera prescindibles las instituciones fundamentales como los partidos, el congreso, la oposición e incluso las elecciones, qué paradoja. En términos políticos, esto significa que el desempeño del Estado se vuelve decisivo.

Si los gobiernos no ofrecen seguridad, crecimiento económico, combate a la corrupción y control del crimen organizado, aumenta el riesgo de que la ciudadanía privilegie la eficacia sobre los contrapesos democráticos.

La democracia mexicana no enfrenta hoy un problema de rechazo abierto a las elecciones, sino de creciente impaciencia con los resultados que produce el sistema político. México parece estar transitando de una discusión de quién gobierna a una discusión sobre quién resuelve.

Cuando la capacidad de resolver problemas se vuelve más importante que las reglas y que las instituciones, aumenta, aumenta la vulnerabilidad frente a opciones autoritarias. Llegó el momento del ciudadano, llegó el momento de tomar conciencia y antes de llegar a las urnas del próximo año, debemos hacer conciencia de cuál es la ruta política que hoy México necesita.

 

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