A la caza de Therian

Hilda Hermosillo Hernández

Aunque el auge de las redes sociodigitales les convirtió en fenómeno viral, el movimiento therian no es novedoso

Hilda Hermosillo Hernández

El internet ha salido a cazar Therian, un grupo de personas -jóvenes, en su mayoría- que dice autopercibirse como animales. La persecución a quienes imitan a perros, ardillas, zorros, serpientes y otras especies no humanas en Youtube, Tiktok e Instagram, retrata con nitidez a una sociedad donde la diferencia sigue sin tener cabida y reacciona, más desde el instinto que por reflexión. 

Therianthrope, una palabra proveniente del griego antiguo therion -que significa bestia o animal salvaje- y ánthropos -humano-, es como se denomina la subcultura surgida en los foros de internet de los años noventa, cuyos integrantes comparten identidad con alguna criatura “en un plano psicológico o espiritual”. Aunque el auge de las redes sociodigitales les convirtió en fenómeno viral, el movimiento therian no es novedoso: la historia demuestra que la fascinación humana con la vida faunística expresada en el arte, las religiones y la cultura popular, se remonta a las primeras civilizaciones. 

Pese a que el desarrollo tecnológico nos ha expuesto a una diversidad creciente de tribus sociales, las no normativas, es decir, aquellas que se alejan de la imposición del deber ser de los ecosistemas digitales, son relegadas a las periferias del derecho a existir, tanto en la vida real como en la virtualidad. Ante la popularidad de los therians, el mainstream ha desplegado todo su brazo intimidatorio a través de memes, desinformación y videos creados con inteligencia artificial para burlarse de quienes forman parte. Las secciones de comentarios en cualquier publicación relacionada, terminan convertidas en un safari de funas y cancelaciones.  

En este comentario radiofónico por lo regular se habla sobre democracia y, si se me pregunta qué tienen que ver las, les y los therians, la respuesta es simple: ésta fue diseñada para preservar la pluralidad de las sociedades que viven bajo su sistema, tan valiosa que se ha impulsado la inclusión de las minorías políticas y sociales en gobiernos y órganos de representación.

En su obra “Los orígenes del totalitarismo”, la filósofa Hannah Arendt señaló al odio como instrumento ideológico cuando transforma a grupos enteros en enemigos abstractos. Mientras en el ámbito internacional se destapan redes criminales que torturaron mujeres, niñas y bebés, la conversación se desvía hacia un grupo de extravagantes que no han provocado daño alguno. Cualquier parecido con la realidad, no es mera coincidencia.  

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Las ideas aquí expresadas pertenecen solo a su autor, binoticias.com las incluye en apoyo a la libertad de expresión.

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