El secreto de la Cábala

Agustín Morales

Ya quisiera yo saber quién será señalado por el Gran Dedo. No por nada que sea de mi particular interés, sino para decirles a los demás que nos hagan la caridad de quitar sus espectaculares que tan feo aspecto le dan a esta ciudad, ya desfigurada de por sí.

Agustín Morales

–¿Y tú quién crees que sea el bueno? Ejem: ¿o la buena?

Lo primero que se me ocurre es contestar, a quien me sigue considerando un enteradillo, o una clase de adivino, es que, visto lo visto, alguno o alguna será el ungido, de eso no cabe duda, como no me cabe duda, por lo menos a mí, que si al hablar del “bueno” estamos atribuyéndole condición de bondad, a mi me parece que de todas y todos no se hace ni la mitad de uno. Es decir: ni bueno, ni buena.

Aquí le explico a mi interlocutor de turno, que ni estoy enterado de nada, ni interesado en estarlo. Agrego, si estoy de buenas (cosa asaz rara ante los preguntones), que adivino no soy, aunque eso sí me gustaría serlo, aunque por razones muy lejanas a eso de la grilla. El otro día hasta me explayé:

–Ya quisiera yo saber quién será señalado por el Gran Dedo. No por nada que sea de mi particular interés, sino para decirles a los demás que nos hagan la caridad de quitar sus espectaculares que tan feo aspecto le dan a esta ciudad, ya desfigurada de por sí.

Por este camino, estas líneas podrían llevar a una reflexión sobre el proceso de autopromoción de nuestros tribales panistas del rancho, pero, seguro cosas de la Providencia (miren ustedes por dónde), alguien me hizo la siguiente pregunta:

–Y tú que te enteras (¿de qué me entero yo, creatura?), cómo andan las cábalas? (sic de la sic, diría Monsi).

Entonces, afortunadamente, todo este asunto se torció, lo que de cualquier manera me sirve de excusa afortunada para dejar a los de los retratotes en su ignominiosa labor de hacer el mundo más desagradable. Corrí a mi biblioteca y rescaté de un rincón escondido un librazo (por su tamaño: ignoro su contenido), y de un lugar digamos prominente el Canon del ensayo de Bloom, para releer de cabo a rabo su ensayo sobre Scholem y la Cábala.

Yo a Scholem lo conocí por Borges, en el celebérrimo poema El Golem, el que usó Eco para nombrar su novelón (Si (como afirma el griego en el Cratilo)/ el nombre es arquetipo de la cosa/ en las letras de 'rosa' está la rosa/ y todo el Nilo en la palabra 'Nilo'. ), y en los no menos inquietantes versos que dicen, primero: “estas verdades las refiere Scholem/ en un docto lugar de su volumen”, y luego: “Algo anormal y tosco hubo en el Golem,/ ya que a su paso el gato del rabino/ se escondía. (Ese gato no está en Scholem/ pero, a través del tiempo, lo adivino.)”

Luego, cosas de lingüista algo exploré, en ese dichoso volumen: “La Cábala y sus simbolismos”, donde una cosa me quedó en claro: que pocas palabras hay tan manoseadas y tan poco entendidas como Cábala, cabalista, cabalístico. Ya lo de las emanaciones de Dios, los diez Sefirot (los nombres del Creador), los tres de orden superior y los siete de orden inferior, el lenguaje como el atributo por el que Él se expresa, entiendo menos que nada.

No voy a explicar aquí la Cábala, por cierto escrita, según fuentes doctas, en Guadalajara, pero la Guadalajara española, por el rabino Moisés de León sobre 1280, ni su versión más tardía, de Isaac Luria, ya en el XVI, y tras la expulsión de los judíos de la Península, por orden de los muy católicos Reyes ídem.

Aquí vamos al segundo libro que tengo enfrente, que es el que se atribuye al rabino español, contiene toda la tradición temprana de la Cábala y lleva el nombre de Zohar (esplendor) y que por razones azarosas llegó a mis manos hace unos años.

Entiendo que existe una traducción al castellano, que habría editado en 8 tomos la editorial Obelisco de Barcelona, hace un par de décadas, pero lo que yo tengo es un tomo único, en hebreo (aunque creo que el Zohar se escribió en arameo culto), de mil 825 páginas y que, hasta donde entiendo (y según la numeración), se lee de derecha a izquierda. Debo decir que, obviamente, no entiendo ni media palabra, así que salvo lo que cuenta Scholem, lo que especula Bloom y poca cosa más, no tengo la menor idea de su contenido.

Decidido, para entretener la tarde, escribir un artículo y de paso olvidarme de los señores y señoras que afean mi ciudad (eso de mi ciudad fue sarcástico), abrí el libro por la derecha y encontré los datos de impresión y el Copyright en inglés, lo único de lo que puedo decir algo. Que fue editado en Nueva York, en el 2014, por parte del Kabbalah Center, con sede en Nueva York y Los Ángeles, donde fue impreso. El aviso de derechos de autor dice que, traduzco, ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida o transmitida, de ninguna forma (...) sin el permiso por escrito del editor… Como si pudiera yo reproducir alguna cosa. He ahí lo que puedo decirles del secreto de la Cábala y abur.

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