Después de Venezuela, ¿Quién sigue?

Otto Granados

El gobierno mexicano está en un terreno muy peligroso y no podrá salir de él con palabras y buenos deseos

Otto Granados

El 12 de diciembre del año pasado terminé mi comentario en este programa diciendo que no era casualidad que, con Morena, México haya sido uno de los pocos gobiernos que no se han atrevido a denunciar la situación en Venezuela, ni a reconocer las elecciones presidenciales donde ganó la oposición en 2024. Y añadí que la razón era muy sencilla: política y moralmente ambos regímenes se parecen más cada vez y había que cobrar conciencia de esa realidad en México, levantar la voz y hacer lo necesario para cambiar las cosas o bien esperar hasta que, como en Venezuela, llegue la ruina.

Bueno pues veinte días después la ruina llegó para la dictadura venezolana con la captura de Nicolás Maduro y otros, y su traslado a Nueva York donde empezarán a ser juzgados el 17 de marzo. 

Hasta allí, la historia es ya muy conocida.

Pero de lo que se habla menos, o bien se habla con voz muy temblorosa, es si el siguiente objetivo del huracán Trump será México, cuyo nombre aparece 25 veces en el documento con que la fiscalía norteamericana ha acusado a Maduro por 4 cargos relacionados con tráfico de drogas.

Vamos a examinar el asunto. 

La administración Trump ha dicho reiteradamente que irá contra todos los responsables de proporcionar drogas a los consumidores norteamericanos, estén donde estén. Otras voces han dicho que en la acción venezolana se ha violado el derecho internacional. Las dos cosas en efecto son ciertas. Y como respuesta, México ha argumentado la narrativa soberanista para decir que eso no debe suceder, lo que en el mundo ideal es igualmente es cierto.

Pero dicho con realismo, frialdad y sentido práctico esas tres cuestiones mencionadas jamás han sido un valladar para impedir que ocurran. Vamos por partes. 

Lo primero es que los EE. UU. han intervenido de una u otra forma en 8 o 10 países de América Latina desde 1954 en Guatemala hasta 2026 en Venezuela. Lo segundo es que es verdad que México es, junto con Colombia, uno de los dos principales proveedores de drogas a EE. UU.. Lo tercero, es que si se metieron en Caracas para atrapar a Maduro, bien pueden intentarlo en otros países, incluido México, para capturar a los grandes capos de la delincuencia organizada que estén en algunos estados; de hecho, el Congreso de EE. UU. calcula que un tercio del territorio de México está controlado por los carteles.

Entonces, esos hechos ya no están a discusión, sino más bien cuál es la manera más eficaz por parte del gobierno de México para afrontar el riesgo.

Una opción, la más estéril, es seguir insistiendo en la palabrería nacionalista; suena muy bien, sin duda, pero dadas las circunstancias no funciona. Y la otra es reconocer que tenemos un problema y articular una estrategia conjunta y coordinada con los EE. UU. para atacarlo en territorio mexicano. Para esto hay dos caminos. 

El primero que Sheinbaum “no pueda” con el reto, lo cual sería grave porque quiere decir que carece de las capacidades de fuerza, capacidad, inteligencia y eficacia, y prefiera eludirlo con el pretexto de la soberanía. 

El segundo es que “no quiera” y esto sería muchísimo más grave porque mandaría la señal de que el gobierno mismo y parte de sus cuerpos policíacos, militares, navales o judiciales están coludidos hasta el cuello con el crimen organizado, y entonces el objetivo ya no sería solo este último sino todos esos cuerpos.

La conclusión es que el gobierno mexicano está en un terreno muy peligroso y no podrá salir de él con palabras y buenos deseos.

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Las ideas aquí expresadas pertenecen solo a su autor, binoticias.com las incluye en apoyo a la libertad de expresión.

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