Altísima traición
Quizá el señor sea un costal de mañas, aunque en una de esas resulta –imposible saberlo– que se trata de un señor que es más bueno que el pan.
Para que no me vean feo y para evitarme un mal rato (en estos días de delirio uno nunca sabe), lo que cito a continuación es del celebérrimo poema del no menos celebrado (aunque, no vaya a ser que en una de de estas…) vate (el cuarto en el orden, según las preferencias de cada uno) José Emilio Pacheco. Paso a la cita, por más que sea consabida:
“No amo mi Patria./Su fulgor abstracto es inasible…”
Como no soy un exégeta, ni émulo de Walter Pater, digo sobre el poema lo que Valéry dijo de sus poemas: el poema “significa lo que a usted le dé la gana”. Y perdón por mi refinado francés.
Cuento esto en estado de trascendencia y enervamiento cuando veo que a un señor, de cuya existencia apenas me acabo de enterar, lo acaban de detener bajo los capitales cargos de “traición a la Patria”. Hasta donde entiendo, o quiero entender, el señor era el Fiscal de Chihuahua, cuando el malogrado operativo donde se colaron unos pérfidos agentes de la CIA –que como todos los agentes de tal agencia en el cine y las series debieron ser el summum de la maldad; y digo que debieron, pretérito que ya pasó, porque entiendo que se mataron en un accidente de tráfico.
Vuelvo al poema y a los fulgores abstractos que, según yo (pero quien soy yo para rebatir el inmenso Pacheco), todos los fulgores deben serlo, abstractos digo, como deben serlo otros conceptos igual de inasibles (y manipulables) como la misma Patria, el concepto de Nación (un constructo bastante venido a menos), la mentada soberanía y, ya metidos en esto, eso de Juan Pueblo (no confundir con Juan Pablo, que conozco algunos abstrusos, pero no tan abstractos –como ya me gustaría a mí.
Como no conozco al señor de marras, no puedo hablar de su moralidad, aunque siendo Fiscal tampoco es que me inspire mucha confianza (siendo Fiscal de un gobierno panista, un tanto menos). Quizá el señor sea un costal de mañas, aunque en una de esas resulta –imposible saberlo– que se trata de un señor que es más bueno que el pan (el que nos comemos, claro); dicho lo cual, no sé qué pudo hacer como para ser declarado “traidor a la Patria”. ¿Vendió los secretos de la bomba yucateca a nuestros enemigos?
Leo que tal delito existe en nuestros códigos federales, que se castiga hasta con 40 años de prisión, y que consiste en ser responsable (o más bien lo contrario) de hechos que atenten contra la independencia, la soberanía (¡otra vez!) o la integridad de la Nación Mexicana. ¿Pues que hiciste criatura? Igual no me entero, pero estaba tratando de venderle la Baja California a unos terroristas coruñeses o revelando a los radicales irlandeses la receta secreta de los chiles en nogada.
El asunto aquí, además de la solemnidad con que nuestras autoridades se tratan a sí mismos y a sus ínclitas figuras, es que eso de que exista gente que se tome tan en serio su mentira de que son la encarnación del Pueblo, la Patria y la Nación (el Estado, me queda claro, está en su absoluta posesión), ya es de dar miedo porque resulta en delirios de esta guisa. Y otros más peores.
No dudo que el tipo del cuento sea responsable de alguna o muchas irregularidades y que sus actos sean punibles. Tampoco voy a meter las manos a la lumbre por un sujeto que me es ignoto –y que espero no tener el disgusto de conocer–. Pero de eso a que lo pongamos al nivel de un mísero Iscariote o el ruin de los ruines aleves de los Rosenberg o el abyecto de Eifaltes el tesaliano, me parece que estamos ya con megalomanías del tipo de las que atacan al señor Daniel Ortega y a la orate de la señora Murillo, su emperatriz de lávate los pies.
Yo que soy muy de salirme por donde puedo (sea la tangente o sea la cosecante), pienso que debe ser más traición a la Patria (con todo y su inasible fulgor) desviar miles de millones de pesos del erario que, en teoría y nomás en teoría, son del ‘pueblo bueno y sabio’, para dárselos a los amigotes de los hijitos de… Pero esa es mi humilde opinión.
Por lo demás, y con la pena, yo tampoco es que me desvele y pierda el sueño por eso de la Patria (que tampoco me parece tan fulgurante), que al fin de cuentas hay que entender que nacemos donde nacemos por puro accidente, amén de que yo hace mucho que me borré de la lista de los hijos soldados que, dicen y juran, el cielo le dio.
Abur.
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