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De Adicto a ADICTO: 19 años libre de alcohol y drogas

 16 may 2018

Por: Ernesto Salayandía García

Después de la tempestad, llegó la calma.

Llegué a pensar, que nunca iba a salir del infierno.

El sobriometro:

Uno de mis padrinos de AA me encargó hace 18 años que hiciera una encuesta entre mi familia y personas conocidas, que les preguntara cómo me veían y cómo sentían que iba mi recuperación, esto para saber si iba en el camino de la abstinencia o el de la sobriedad, que son dos cosas totalmente distintas.

Como buen ahijado me aboque a la tarea: "¿Cómo me vez?", le pregunte a una amiga, "¿cómo vez mis logros, mis avances?"; ella en seco me respondió: "¿Cómo quieres que te vea si lo único que has hecho es lo que hace la gente normal, únicamente haz dejado de drogarte?"

Claro que la respuesta me caló, lesionó mis egos y aunque nunca he pretendido ser el Alcohólico Anónimo del año, siempre pretendí disfrutar de la vida con armonía y en libertad; comprendo ahora que es cierto, el hecho de dejar de consumir cualquiera lo pude hacer, y cuando yo llegué a la fraternidad de AA, desconocía todo respecto a mi enfermedad, no veía el cúmulo de mis defectos de carácter ni la amplia gama de patrones y conductas toxicas; desconocía todo sobre mi, no sabía que tan complejo era mi problema por mi manera de beber y de dañarme; no sabía por qué no podía parar, porque a pesar de que sabía todo el daño que me causaba emborracharme, drogarme, no podía decir ya basta aunque juraba y perjuraba después de una santa guarapeta que jamás volvería a consumir, no lo lograba; lo intentaba, tenía días, semanas de abstinencia, pero me reventaba a las primeras de cambio. Fui, antes y después, un completo ignorante respectó a mi enfermedad.

Al principio en AA, creía que algún día iba a poder tomarme un par de copas de coñac o acompañar un buen corte con un buen vino tinto chileno o español, llegué a considerar algunos permisitos, que al cabo, decía, yo no estoy tan enfermo ¿no? Y así confundí, lo que es la abstinencia, que es dejar de beber.

Tapar la botella, sobriedad, es crecimiento espiritual, y lo espiritual lo confundí con ir a misa los domingos, no sabía que mi enfermedad es de por vida, qué después de muerto seguiré siendo alcohólico, que es progresiva, incurable, contagiosa, burlona, perra.

La verdad, cuando empecé, veía muy lejos llegar a donde he llegado y supe que no hay personas normales; la enfermedad emocional es un común denominador en esta sociedad en decadencia y quien esté libre de culpa, que arroje la primera piedra: Todos estamos enfermos.

Ayer y hoy

No recocí cuando rebase la línea del alcoholímetro, deje de ser un bebedor social, un bebedor normal que podía beber tres o cuatro y decir ahí nos vemos… ahí se ven, para mí ya es suficiente. No, simplemente tenía que terminar ahogado de borracho, destilando alcohol hasta por los poros, no tenía esa fuerza para decir ya no, muchas gracias, ya es demasiado.

Fueron infinidad de borracheras a morir, bebía y bebía por inercia, caía dormido de cansancio, vomitado, rendido; y en cuanto me despertaba me la curaba, volvía a prenderme con la primera cerveza bien fría o el klamato a la medida, todas las crudas eran horrendas, espantosas, apestosas, insoportables. No hay crudo que no sea humilde.

Desde muy joven perdí ante el alcohol, aguantaba un piano, no tenía llene y podía andar en la fiesta tres días seguidos, sin truco, sin perico, o sea, sin cocaína; tenía condición y bebía en cantidades industriales. La mejor manera para mí era dormir y, durmiendo, crudo; se me fue la vida y grandes oportunidades. No te das cuenta del daño que te haces a corto, mediano y largo plazo, no registras el cúmulo de defectos de carácter que te van moldeando tu personalidad. Yo no me di cuenta de la loca de la azotea, esa voz interna, negativa, pesimista, derrotista, que siempre estuvo dentro de mí.

Hoy sé, que un borracho, un drogadicto, un intoxicado como yo tiene que tocar sus fondos, yo los toqué, los viví y los sufrí, no quise entender de las consecuencias de esta perra maldita enfermedad, perversa del alma, La Saliva del Diablo.

De Oceánica, al anexo

Hace más de 22 años, en un brote de sano juicio y de explosión, mi mujer tomoó la decisión de ponerme un límite: “o haces algo para dejar de beber, tomas todos los días hasta caer de ahogado de borracho, o nos divorciamos”.

Busqué la manera de “salvar mi matrimonio” y me interné en una de las clínicas de rehabilitación más caras del mundo por un lapso de 35 días, por supuesto que no me funcionó, yo no funcioné, solo fui por sangre y a disfrutar de unas súper instalaciones a la orilla del mar, a contemplar los amaneceres y a gozar de los atardeceres y el ruido del rompimiento de las olas del mar.

Teníamos una cafetería de hotel 5 estrellas abierta las 24 horas del día, el bufete de las tres comidas era súper rico, aire acondicionado por todos lados; terapeutas, enfermeras, nutrióloga y un mundo de profesionales a mi disposición. Cuando regresé a México el primer día después de una luna de miel en el Rancho Las Moras, mi cuñado me recibió en su casa con un pase de cocaína y me dijo: “eso de Alcohólicos Anónimos, es pura jalada”. Tomé el pase y entre al baño, de un jalón me chuté el polvo blanco, ahí tiré las esperanzas de vida, las ilusiones de mi mujer y el tiempo y dinero que me costó Oceánica, luego, prendido de la cocaína, comencé a tocar fondos y fondos, iba a las juntas de AA y me metía al baño a inhalar cocaína, por el abuso en el consumo comencé a sufrir por mis delirios de persecución, mis delirios auditivos y visuales, fui víctima de mi celotipia infernal, mi neurosis creció de una manera impresionante y traté de ahorcar a mi mujer. Le hice mucho daño.

Yo no podía parar, no quería. Pesando menos de 50 kilos, anémico, desnutrido, severamente dañado en todos los sentidos, me interné por mi propia voluntad en un anexo, un centro de rehabilitación para drogadictos. Había una enorme diferencia entre Oceánica y el anexo, el caldo espiritual diario era repollo con agua y una tortilla, por las noches frijoles y en la mañana avena sin azúcar; eran tres minutos para todo: para comer, hacer del baño, bañarse y para limpiarte después de hacer tus necesidades te daban tres pedacitos de papel higiénico. Durante todo ese tiempo estuve negado, me resistí a derrotarme, a rendirme, a aceptarme; me daban silla por viaje que es un castigo muy común entre los internos de un anexo y me daban muy seguido ayudas y juntas maratónicas para erradicar mis egos. A la fecha no acepto estos métodos ni la terapia de choque que denigra al adicto, tampoco estoy de acuerdo con el proceso que, a mi manera de ver, llevan un gran número de anexos en todo el país, menos cuando el índice de recaídos es altísimo ya que de cada 10 internos, 9 están recaídos. Yo toqué ese fondo del encierro y tuve un despertar espiritual, pero no gracias a esa ancestral terapia. Tampoco acepto que Oceánica no y el anexo sí, fu mi sedición y mi momento, elegí ser libre y, solo por hoy, lo estoy logrando.

La primera noche.

Era el mes de mayo y mi mujer me había puesto un cuatro, después de engañarla por más de 7 años diciéndole que no usaba cocaína, una tarde me llevó con un médico, un alto funcionario del IMSS en Chihuahua a quien yo como periodista radiofónico había entrevistado en mi programa de la radio muchas veces. Ese día cuando platicamos en su consultorio, él no daba crédito a todas mis loqueras ni a mis obsesiones buscando semen emprendido en ropa, pañales, muñecos de peluche; o creía que ese destacado periodista fuera capaz de dormir con cuchillos pensando generalmente que lo querían matar, se sorprendió de la narrativa de mis noches de terror y me dijo: “Don Ernesto, se necesita saber que es realmente lo que está sucediendo”. Entré al baño y deposite una muestra de orina, el resultado fue leído en voz alta por mi mujer un día después: ¡Cocaína, cocaína, cocaína, cocaína!

Las pérdidas en mi recuperación

La noche que llegue al anexo después de que me dieron la tradicional bienvenida, “SATRAPA DE MIERDA”, me pusieron un par de huaraches de pico de gallo, uno de uno y otro de otro,  disparejos. Pasé por una sala donde había una alfombra de cuerpos dormidos, pise sin querer a más de tres, luego entre a un baño muy pequeño con tres regaderas, dos acusados, un lavamanos y una pila para los orines; había 17 adictos amontonados y yo pude acomodarme junto a la pila de los orines.

Mi primer fondo fue el cigarro, para mí fue impactante porque desconocía lo que era un nexo y sus instalaciones indignantes, además de la saturación sin aire acondicionado y un calor sofocante e intenso sobre la población de internos. Para esas fechas yo me fumaba un cigarro cada diez minutos, tres cajetillas al día, al principio me daba asco pedir las tres y tomar entre mis labios un cigarro llenó de saliva, después me hice un experto en matar las bachas de los 18 adictos que estuvimos esa madrugada en aquel baño.

El único sobreviviente soy yo, todos murieron de sobredosis y de manera trágica. Voy a cumplir 17 años sin fumar un solo cigarro, erradiqué mi maratónico insomnio pues, para variar, siempre batallé mucho para conciliar el sueño; abandoné mis celos patológicos y enfermizos, mis pensamientos cambiaron considerablemente y comencé a vivir la vida en armonía sin atorméntame ni hacérmela de tos; perdí las actitudes del neurótico empedernido, de ese cavernícola que llevo dentro de mí y que es explosivo y agresivo, que era capaz de bajar de su auto con un bat en la mano a romper vidrios y faros, vamos, el macho típico mexicano se fue de vacaciones y en mi casa cobré un alto sentido de contribución con orgullo y satisfacción.

Por supuesto que dejé la botella diaria de vodka, los diez o quince pases de cocaína que me metía al día y guardé las pastillas antidepresivas y la morfina. Comencé a vivir mi vida con libertad y sin drogas, mi pánico escénico se desvaneció y pude moverme como pez en el agua ante cualquier tipo de escenario; levanté mi autoestima, crecí espiritualmente y mi relación de pareja tuvo cambios muy positivos y significativos. Este año celebro 26 años de casado y solo por hoy llevo la fiesta en paz, en armonía y con felicidad. Salí de mis depresiones intensas y frecuentes, rompí con la pereza, el aburrimiento y he cambiado en infinidad de defectos de carácter, he cambiado en mis conductas tóxicas, he trabajado mi sexualidad, mis resentimientos, mis emociones y todos los días hago el mayor de mis esfuerzos por ser mejor persona, por vivir con calidad y amor, soy un digno ejemplo a seguir en todos los sentidos para mi hijos.

De adicto a ADICTO

Cuando salí del anexo me sentía tan bien conmigo mismo que tenía unos deseos enormes de que todo el mundo se sintiera como yo me sentía sin beber, sin drogarme; tanto así que fui a platicar con mi amigo el doctor Javier Contreras Orozco, Director de El Heraldo de Chihuahua, y le solicité un espacio semanal, así nació mi sección que empecé a firmar como Teo Luna todos los domingos.

Gracias a esta oportunidad he podido afianzare mi recuperación, me ha salvado la vida, no he recaído, cosa que si pasara para mí sería mortal. Llevo cerca de mil artículos publicados en casi 19 años, he trabajado mis conductas tóxicas, mis resentimientos, mi vida ingobernable.

Tengo muy presente mi historial, comparto con gusto y con toda honestidad los fondos que toqué por mi enfermedad emocional, por mis adicciones y por mi mente enferma, me hace muy feliz el escribir para mí y todo el aprendizaje que hay. Incursiono en un nuevo género periodístico, que yo bien podría llamarlo “el compartir” y que permite que el gentil lector haga contacto conmigo, doy el mensaje hablando de mí, despierto conciencia y me hago responsable de mí mismo.

He publicado doce libros y tengo terminados seis textos que, espero en Dios, pueda publicarlos este año, tengo presencia en todo el continente Americano, son muchos los periódicos hispanos de Canadá y de Estados Unidos que me hacen el favor de publicarme semana a semana, cubro toda la república mexicana, cuento con espacios en la mayoría de los periódicos de la OEM, más independientes y páginas WEB. Con el tiempo me he especializado, como periodista y adicto, en emociones, lo que me permite servir a otros.

Sé que el tiempo no es recuperación pero son los hechos los que me permiten disfruta de las mieles que los Alcohólicos Anónimos me prometieron, sé, que no tengo todo lo que quiero, pero quiero y mucho, todo lo que tengo, aspiro a ser el periodista hispano más leído en América, creo fielmente en la prevención, por ello no descanso recorriendo las escuelas y motivo a niños y jóvenes a que se pongan buzos caperuzos con las conductas y sustancias toxicas, a que levanten su autoestima y se respeten.- ¡Quiérete tantito!.- y junto con un buen amigo y mis hijos, he constituido una Asociación Civil, GAD, Gota de Agua en el Desierto con el espíritu de desarrollar una verdadera cultura de prevención en toda la República, Mexicana.

Gracias por leerme y más por escribirme.- ernestosalayandia@gmail.com más información montrealquebeclatino.com .- Tratamiento ambulatorio para alcohólicos y drogadictos sin internamiento, 614 256 85 20