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El sistema penal acusatorio ¿a juicio?

 10 ago 2017

Por: Eloy Morales Brand

A Maquiavelo le atribuyen la frase de que “todo aquel que desee saber qué ocurrirá, debe examinar qué ha ocurrido: todas las cosas de este mundo, en cualquier época, tienen su réplica en la antigüedad”. Sea o no de él la frase, es muy certera, pues olvidar implica repetir.

Gracias al pensamiento de la ilustración, a partir de la Revolución Francesa en 1789, se denunció el carácter despótico de la actuación de las autoridades contra sus ciudadanos, y la violación grave de derechos atribuida a un procedimiento penal. El movimiento libertador francés reimplementó el proceso penal acusatorio (pues existía desde los modelos griego y romano), y no tardó mucho para que los defensores del anterior modelo inquisitivo gritaran que la impunidad y la delincuencia era producto del cambio de sistema (no de las condiciones sociales), por lo que debía reformarse la ley.

Poco tiempo después, y con el auge de las ciencias naturales, la naturaleza biológica del ser humano resultó ser la culpable de que existiera delincuencia (Lombroso y seguidores en siglos pasados), por lo que el Estado no tenía culpa de esa realidad, y sólo debía regularla para limitarla (“es conocida la ideología que en múltiples ramificaciones difunden los propagandistas de la burguesía entre las masas del Norte: el Mediodía es el lastre que impide que progrese más rápido el desarrollo civil de Italia. Los meridionales son seres biológicamente inferiores, semi bárbaros o bárbaros completos por destino natural, si el Mediodía está atrasado, la culpa no es del sistema capitalista o de cualquier otra causa histórica, sino de la naturaleza que ha hecho a los meridionales holgazanes, inservibles, criminales, bárbaros, compensándose este cruel destino con la explosión puramente individual de grandes genios, solitarias palmeras en un árido y estéril desierto. Una vez más la ‘ciencia’ servía para humillar a los miserables y a los explotados..." Antonio Gramsci).

Antes de que se implementara el nuevo sistema penal acusatorio en México, la culpa de la delincuencia la tenían las leyes del anterior sistema penal, por lo que se dieron reformas legales en los años 30's, 70's, 80's, 90's y 2000 en adelante.

Hoy, resulta que el incremento de la delincuencia, la falta de reacción de las autoridades, detenciones ciudadanas y "linchamientos" sociales, son culpa del nuevo sistema acusatorio (algo similar escribí en junio y octubre de 2016); y se asegura que la solución es simple: hay que reformar las leyes, incrementar los delitos graves y meter a la cárcel a las personas.

Si reformar las leyes resolviera el problema de la delincuencia o de las reacciones populares, hace años que no existirían los delitos. Si el sistema penal fuera preventivo y disuasivo, no estaríamos hablando de crímenes  ni linchamientos. Si el mantener privada de la libertad a las personas que tienen “múltiples ingresos” provocara la disminución de la delincuencia, no estaríamos hablando de crear normas penales o de que el control social fuera necesario. Pero es más sencillo hacer creer que con reformas de leyes se resuelven los problemas sociales, en vez de invertir en la satisfacción de necesidades. Atribuirle la culpa de la delincuencia al sistema de justicia penal acusatorio, es repetición del mismo discurso que se utiliza para echarle la culpa a una mujer víctima sólo por ser mujer, a un inmigrante por ser inmigrante, a un niño por ser niño, a un ser por simplemente ser.

Según Amilton Bueno de Carvalho, la delincuencia tiene como madrastra a todas las injusticias sociales. El sistema de justicia penal acusatorio y sus leyes no tienen las culpas que se le atribuyen, sino que son la víctima expiatoria de las injusticias de la sociedad del que forma parte. Si queremos disminuir la delincuencia, si queremos evitar que personas tengan “múltiples ingresos”; si queremos que las personas no hagan justicia por propia mano; la solución es aún más sencilla: dejemos de ignorar a los demás y de cerrar los ojos a la realidad; hay que atender las necesidades básicas de la población, generar condiciones de vida digna, trato humanitario, evitar la desigualdad y la discriminación, terminar con la acumulación del capital y del poder de unos cuantos, eliminar el hambre, otorgar servicios de salud, educar en valores, igualar y dar mejores salarios a iguales necesidades, crear empleos, y ayudar al libre desarrollo de la personalidad. Hay que invertir en la satisfacción de las necesidades sociales, pues invertir en mayor violencia, solo servirá para incrementarla, como históricamente lo hemos vivido.

Ignoro cuál es la necesidad de continuar con las malas prácticas, y no ejecutar aquellas que ayuden a transformar la realidad en beneficio de todos. Dejemos de olvidar a los olvidados y seamos empáticos, pues “hay una gran diferencia entre un ser humano y ser un humano. Muy pocos la entienden…”.

 

José Luis Eloy Morales Brand

Jefe de Departamento de la Universidad Autónoma de Aguascalientes

"Para lo único que he agachado la cabeza, es para escribir"