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Espacios ¿públicos?

 16 abr 2018

Por: Otto Granados

Casi cualquier visitante que llegue o que vaya de manera regular a Aguascalientes, va a tener la impresión de que el fenómeno de la informalidad ha crecido de manera notable.

El problema no es solo estético, ni tampoco solo un reflejo del estancamiento económico del estado o la consecuencia del clientelismo habitual con el ambulantaje, sino que hay algo más profundo, y es la captura del espacio público por parte de intereses privados.

La discusión tiene que ver con la aceptación y la tolerancia de una situación que lesiona el interés general y ese es el punto; la variable central no son los informales sino la falta de autoridad para imponer cierto orden entre los diversos jugadores económicos, impedir consecuencias negativas de la competencia y evitar distorsiones en el mercado.

Las autoridades de Aguascalientes, y de muchas otras ciudades de México, suelen argumentar que se trata de decisiones políticas por razones de gobernabilidad o de rentabilidad electoral, lo cierto es que no hace falta reiterarlo; es una vieja historia que data por lo menos desde los años 60, en que se ubica el modelo de relación corporativa y clientelar de la autoridad con los líderes de organizaciones de ambulantes e  informales.

Como ha sido documentado ampliamente, hay todo un mecanismo de chantaje de dichos líderes al que la autoridad se acomoda, alienta, neutraliza o capitaliza; dependiendo de lo que convenga, sin perderse en discusiones sobre el concepto de espacio público.

En particular, pienso que debe haber un mínimo orden en este aspecto y tiene que hacerse un esfuerzo por mejorar una situación a todas luces en deterioro.

Siguiendo esa lógica, hay que perderle el miedo al orden regulatorio, establecer un suelo parejo para todos (incluidos los que ocupan espacios públicos), pero no por la vía de favorecer a las clientelas o de privatizar el espacio público a beneficio de inventario político.

Lo mismo pasa con el fenómeno vial, el parque vehicular ha crecido mucho más que las vialidades disponibles, de suerte que el desorden en la aplicación de la reglamentación hace que tengamos una situación grave en términos de eficiencia, eficacia,  pérdida de horas, polución y estrés urbano. Véase la masa de vehículos pesados circulando por donde quieren, a la hora que quieren, y maniobrando como se les antoja, o bien las colas interminables de camionetas a las afueras de las escuelas en dobles y triples filas, para interrogarse cuanto aporta este caos al desastre vial, y los enormes costos que tiene para los presupuestos municipales y para los ciudadanos.

Más aún, es también una variante de la captura de espacios públicos como las calles y las avenidas por parte de intereses privados, esta es una situación que no puede seguir y las autoridades municipales, debieran ejercer sus facultades y establecer un mínimo de orden en una situación cada vez peor.

 

Las ideas aquí expresadas pertenecen solo a su autor, binoticias.com las incluye en apoyo a la libertad de expresión