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La decadencia de los políticos y la crisis de los ciudadanos

 24 mar 2018

Por: Noé García Gómez

Perfil del Autor


Noé García Gómez



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Politólogo por la UAA, especialista en temas políticos, electorales y educativos, con mas de 10 años ...



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He leído, escuchado y escrito de la crisis que vive la política mexicana, pero después de mucho reflexionar y comentar con más de dos camaradas, amigos y algunos analistas conspicuos, llego a la conclusión que manejamos mal el concepto;  la clase política no está en crisis, la crisis la están padeciendo y viviendo los ciudadanos, la clase política está en una decadencia. 


En gran parte de los políticos existe una insensibilidad (ejemplo: la masacre de Ayotzinapa), descomposición (las listas plurinominales de todos los partidos “están llenas de favores, de pagos de cuotas), hipocresía (ejemplo: las mansiones del presidente y los mil asesores de la Cámara de Diputados son un botón de muestra) y hasta cinismo (negar la paternidad del alza en la gasolina) es su constante  comportamiento. 


La clase política comparte el pan y la sal, el vino y las fiestas y, de vez en vez, simula desacuerdos que se dejan a un lado al momento de descorchar un vino (de más de mil pesos) o servirse un Coñac, vemos a una izquierda frívola, una derecha pragmática y un priísmo (por su amorfidad ideológica no sé donde ubicarlo) empoderado y mandón. 


La clase política más que crisis vive una decadencia, algo así como el pasaje bíblico de Sodoma y Gomorra, Ezequiel 16:49-50 “He aquí que esta fue la maldad de Sodoma tu hermana: soberbia, saciedad de pan (en el Hebreo esta frase literalmente significa comer hasta vomitar), y abundancia de ociosidad; y no tendió la mano al afligido y al mendigo. Y se llenaron de soberbia y abominaron de mi Ley.” 


En cambio el ciudadano padece y vive una constante crisis, lo dice el enorme ejército de desempleados, los sub empleados y los que perciben salarios miserables, los que padecen los pésimos servicios en salud y transporte, lo que libran batallas para pagar la electricidad, el gas; los que ven mes a mes como la gasolina dispara su precio. Estos ciudadanos, que muchos se desilusionan e indignan, ven la baraja de alternativas de cara a las elecciones y ni siquiera pueden distinguir “el menos peor". 


Muchos que optarán por el desinterés consciente o inconsciente, y se dedican al día a día, no votaran, engordarán la cifra de abstencionismo y las autoridades electorales y la clase política “lo lamentarán” (así entre comillas). Para ellos seguirá la fiesta por otros tres años a costa del presupuesto y si les faltan recursos para sus gastos, pues subirán la gasolina o subirán e inventaran nuevos impuestos, ellos están acostumbrados a un estilo de vida, viajar en jet privado, caravanas de autos blindados, comer en lujosos restaurantes, vestir caro (mas no fino), ocupar un sequito de aduladores, perdón, asesores, etcétera. 


Así pues, seguirá la decadencia política y los ciudadanos seguiremos padeciendo una interminable crisis. Gran parte de la clase política y su estilo está consumida en una lamentable decadencia, pero como están acostumbrados a rodearse de aduladores que les llenan los eventos de aplaudidores y sus síntesis informativas les omiten las críticas, seguirán dando vueltas en círculo en la comodidad de su burbuja. 


En cambio el ciudadano no puede evadir sus problemas, su crisis, con ella vive, trabaja, lucha y por eso este país se sigue sosteniendo a pesar de la depreciación del dólar, la inflación, la inseguridad y la corrupción. 


Cierro con la siguiente pregunta ¿Cómo podemos demostrar nuestra inconformidad con toda la clase política y los partidos sin dejar de participar en las elecciones? Esta pregunta la tenemos que responder colectivamente.